Mi buen hermano:
¿Qué ha si tu existencia? Jajaja. Yo se que te ha ido bien acabo de verte hace unos dias, realmente no habría razón lógica para escribirte a tan poco tiempo de ausencia, pero se mejor que nadie que te interesara lo que estoy a punto de relatarte.
Hace unos días estuve envuelto en una situación bastante curiosa. Visité, no se porque motivo, un circo, de aquellos viejos circos, no uno francés o chino. Fue un circo de aquellos malolientes y llenos de excentricidades fueras de esta tierra. Al sentarme en una de la butacas y atisbar el espectáculo introductorio en el que los payasos entran y hacen sus peripecias y graciosadas al momento en que se anuncia en el altavoz ( Se escucha una voz típica de estos lugares) el programa del circo. Me concentro en ese instante y comienza el espectáculo.
Comienzan los malabaristas, mientras los elefantes caminan y rodean un aro de fuego y un payaso en una diminuta motocicleta se desliza por una rampa y salta por el aro incinerado. Todos se doblan de risa. La gente es la clásica, familias completas, en donde solo falto el perro. Me doy cuenta que soy el único solitario. La gente aplaude y se levantan de sus asientos mientras se anuncia la entrada de las trapecistas traídas desde Centroamérica y sorprenden sobremanera al público atónito ante sus maniobras que desafían la muerte. Es en este momento en el que recuerdo aquel poema secuencial de Emilio Pacheco, el de circo de noche, y comienzo a sentirme parte del circo.
Al dejar el circo, eran alrededor de las 8 30 pero se sentía mas tarde. Camine sin intermitencias hacia mi coche del estacionamiento, saque mis llaves y comencé a voltear a mí alrededor para observar si se encontraba el cuidador de los coches y dueño del estacionamiento para pagarle lo debido. En ese instante una silueta alta se me postro detrás y me dijo una serie de palabras que no comprendí, pero no me voltee, solo saque mi cartera para dársela cuando llegó otra figura por enfrente que no alcancé a divisar por tratar de darle la cartera al otro sujeto. Cuando me di cuenta, fui agredido con dos bofetadas de una pistola por el tipo que estaba enfrente y me tiro al suelo. Comenzaron a gritar y a golpearme mientras yacía aturdido y vulnerable en la tierra húmeda.
Cuando me recupere del estado inconciente percibí los dolores terribles que me llegaron a la medula. Entendí entonces que los tipos no solo me robaron la cartera, sino también el celular, la chamarra y el reloj que siempre odié. Me levante y lo primero que vi fue el espacio vacío que previamente ocupaba mi coche. Exclame majaderías y me dirigí a tomar un taxi, ya que mi casa no estaba tan lejos. Al caminar por el pasto del grandísimo estacionamiento, me perfile a la casilla del cuida coches para reportarle del robo del que había sido victima, pero no estaba ahí.
Conforme caminaba, con tristeza y orgullo corrompido, recordé el final del poema de Pacheco, aquel suceso mío me había echo entender el final trágico del poema, en el que el dueño del circo habla. Entendí por fin que era lo que decía en forma de metáfora:
“La vida solo avanza gracias al conflicto.
La historia es el recuento de la discordia
que no termina nunca.
El zarpazo bestial es tan humano
como la desentellada.
El heroísmo autentico seria
entender las razones diferentes,respetar la otredad insalvable,
vivir hasta cierto punto en concordia,
sin opresión ni miedo ni injusticia."
“Pero entonces, señores, no habría Circo,
no habría historia ni drama ni noticias.
No estaría bajando esa cuchilla
que ahora mismo cercena mi cabeza.”
Mi buen hermano, el acontecimiento me ha dejado marcado.
¿Qué ha si tu existencia? Jajaja. Yo se que te ha ido bien acabo de verte hace unos dias, realmente no habría razón lógica para escribirte a tan poco tiempo de ausencia, pero se mejor que nadie que te interesara lo que estoy a punto de relatarte.
Hace unos días estuve envuelto en una situación bastante curiosa. Visité, no se porque motivo, un circo, de aquellos viejos circos, no uno francés o chino. Fue un circo de aquellos malolientes y llenos de excentricidades fueras de esta tierra. Al sentarme en una de la butacas y atisbar el espectáculo introductorio en el que los payasos entran y hacen sus peripecias y graciosadas al momento en que se anuncia en el altavoz ( Se escucha una voz típica de estos lugares) el programa del circo. Me concentro en ese instante y comienza el espectáculo.
Comienzan los malabaristas, mientras los elefantes caminan y rodean un aro de fuego y un payaso en una diminuta motocicleta se desliza por una rampa y salta por el aro incinerado. Todos se doblan de risa. La gente es la clásica, familias completas, en donde solo falto el perro. Me doy cuenta que soy el único solitario. La gente aplaude y se levantan de sus asientos mientras se anuncia la entrada de las trapecistas traídas desde Centroamérica y sorprenden sobremanera al público atónito ante sus maniobras que desafían la muerte. Es en este momento en el que recuerdo aquel poema secuencial de Emilio Pacheco, el de circo de noche, y comienzo a sentirme parte del circo.
Al dejar el circo, eran alrededor de las 8 30 pero se sentía mas tarde. Camine sin intermitencias hacia mi coche del estacionamiento, saque mis llaves y comencé a voltear a mí alrededor para observar si se encontraba el cuidador de los coches y dueño del estacionamiento para pagarle lo debido. En ese instante una silueta alta se me postro detrás y me dijo una serie de palabras que no comprendí, pero no me voltee, solo saque mi cartera para dársela cuando llegó otra figura por enfrente que no alcancé a divisar por tratar de darle la cartera al otro sujeto. Cuando me di cuenta, fui agredido con dos bofetadas de una pistola por el tipo que estaba enfrente y me tiro al suelo. Comenzaron a gritar y a golpearme mientras yacía aturdido y vulnerable en la tierra húmeda.
Cuando me recupere del estado inconciente percibí los dolores terribles que me llegaron a la medula. Entendí entonces que los tipos no solo me robaron la cartera, sino también el celular, la chamarra y el reloj que siempre odié. Me levante y lo primero que vi fue el espacio vacío que previamente ocupaba mi coche. Exclame majaderías y me dirigí a tomar un taxi, ya que mi casa no estaba tan lejos. Al caminar por el pasto del grandísimo estacionamiento, me perfile a la casilla del cuida coches para reportarle del robo del que había sido victima, pero no estaba ahí.
Conforme caminaba, con tristeza y orgullo corrompido, recordé el final del poema de Pacheco, aquel suceso mío me había echo entender el final trágico del poema, en el que el dueño del circo habla. Entendí por fin que era lo que decía en forma de metáfora:
“La vida solo avanza gracias al conflicto.
La historia es el recuento de la discordia
que no termina nunca.
El zarpazo bestial es tan humano
como la desentellada.
El heroísmo autentico seria
entender las razones diferentes,respetar la otredad insalvable,
vivir hasta cierto punto en concordia,
sin opresión ni miedo ni injusticia."
“Pero entonces, señores, no habría Circo,
no habría historia ni drama ni noticias.
No estaría bajando esa cuchilla
que ahora mismo cercena mi cabeza.”
Mi buen hermano, el acontecimiento me ha dejado marcado.
MGM
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