martes, 19 de mayo de 2009

Taciturno


Mí querida Madre:

Si bien puedo mencionar con fervor y sin angustia los sucesos transcurridos hace más de una década. En circunstancias mejores me seria imposible escribirte ya que mi mente no respondería de manera lucida, se quedaría trabada y entorpecida en una transición mundana de pensamientos obsoletos. Tengo pues que agradecer la miseria, la pobreza y la sensación turbia que aturde mis ideas y mis enigmas. Los sucesos pasados me han hecho recordar con dulzura, la felicidad y la esperanza con la que vivía enajenado en los buenos tiempos. Fue entonces, hace 2 semanas cuando vi por primera ves la representación de una obra teatral de trascendencia en tiempos de antaño. Y fui cautivado enormemente por la periferia inexacta de secuencias e instantes majestuosas de mencionado drama. Mas no fue del todo magistral: Errores sobrados, actuaciones excéntricas y nada creíbles, modificación inesperada del guion, escenografía pobre. Además de que la obra fue súbitamente interrumpida por la ráfaga de fusiles que azotó en la muchedumbre y dejó absortos a los espectadores del teatro incinerado. La obra si mal no recuerdo era “Esperando a Godot”.Ahora querida madre, es probable que te haya dejado con el pendiente sobre mi estado. No tengas porque. Mi salud es afable y mi mente centrada. Tengo que proseguir con el propósito de la carta. Quiero decirte mi santa progenitora de que al momento de divisar el alto último de la magnánima obra y justo antes del horrendo asalto al recinto, comenzaron a brotar lagrimas en el rostro de tu hijo primogénito. Mas el llanto no se produjo por los acontecimientos ya antes mencionados, sino se trato en exclusiva de una añora miento profundo y doloroso.Mi mente estremecida y frívola comenzó un arduo proceso de recordar la causa inefable del llanto. Los azotadores que irrumpieron el hermoso acto artístico comenzaron a gritar y a disparar a quemarropa. Fui tomado por atrás por uno de ellos, me tiró al suelo y me escupió en el rostro, y con un fugaz movimiento contraje un disparo en el brazo y un azote de fusil. Mi mente ignoraba con una actitud taciturna al frenesí que se desencadenaba fuera de ella. Mi ser- mi mente- se perdió sin preámbulos en el pensamiento y el añoro.Madre, puedo predecir que al leer esto te veas estremecida por el instante en que te venga a la cabeza esto, pero no te preocupes, mi mente esta sana y eso es lo único que importa.Como decía, me entretuve pensando más en el recuerdo que en la algarabía y el embrutecimiento de los ejércitos. Comencé la función, inmune al exterior, de recordar aquellos días en los que me llevabas a regañadientes a esas obras que se aparecían espontáneamente en tu escuela. Me llevabas, yo enojado, tu contenta. Pero al momento de entrar en escena los personajes tan excéntricos, me estremecía y se me suavizaban las venas. Mi curiosidad se limitaba a atisbar sin pesadumbre la obra, las actuaciones, el inmundo teatro de escuela era sitio de alumbramiento artístico y de una liberación juvenil tan hermosa que solo por fuerzas no me solté a llorar. Me quede boquiabierto de aquella vez en la que una joven se desprendió totalmente de sus prendas y tú y yo sorprendidos nos volteamos a ver y nos doblamos de risa.Cuanto añoro esos días que ya no están. Cuanto añoro el tiempo que se ha esfumado y con cuanta ternura recuerdo los días felices entre tú y yo, mi querida Madre. Cuanto desearía salir de esta patria tan llena de intolerancia y conflicto, desdeñoso y radical que me ha tumbado mis sueños y aspiraciones, mis escritos y mis divinidades. Mas no temas mi señora madre, porque llegará el día en que todo esto termine y mi alma regrese al interior de su dueño.Mi carta pues, tiene una pena. Noticia terrible que no me alegra confesar. Mi querida madre: Nunca mas volveremos a vernos, mi lugar no es aquí y tampoco esta haya contigo. Mi espíritu no es salvaje ni volátil. Pero deje el hogar por una razón: Sentir el dolor y la angustia, el temor y la miseria. Para convertirme en lo que quiero ser, tu cálido semblante me estorba, me turba. Dejarte fue lo más difícil de mi existencia, y te llorare todas las noches, mas no quiero que tu lo hagas por mi. Se quien eres madre, visita el teatro, lee libros, diviértete en tu tiempo. Tu hijo estará ahí o quizá no. Porque lo que quiere este hijo tuyo es una apreciación mas trascendental, mas sublime.Mi pluma se desvió muchísimo, mi recuerdo me ha hecho derramar lagrimas, por lo que debo confesarte algo. Nunca leí “Esperando a Godot”. Se que tu bondad no vacilará en perdonarme.


MGM

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